En muchas licitaciones, la información relevante no está en un solo lugar. Está distribuida entre bases administrativas, anexos, bases técnicas, preguntas, respuestas, aclaraciones, ofertas, actas, correos y contratos.
Esa dispersión no solo aumenta el tiempo de revisión. También dificulta explicar por qué una oferta cumplía, por qué otra no, qué criterio se aplicó y qué evidencia respaldó cada decisión.
Por eso la trazabilidad no debería aparecer al final del proceso, cuando llega una auditoría. Debería construirse mientras la licitación avanza.